2 Samuel 11
viernes, 2 de octubre de 2020
REFLEXIÓN - Viernes, 2 de octubre de 2020
Este fue el nombre que recibió, en 1945, el lugar donde tuvo lugar la primera prueba de explosión nuclear, en el estado de Nuevo México, Estados Unidos. Ese día los creadores del proyecto quedaron sorprendidos al ver el poder mortal de su invento. Algunas semanas más tarde, dos bombas atómicas borraron del mapa dos grandes ciudades japonesas. El mismo nombre fue dado al lugar donde estaban las torres gemelas de Nueva York, destruidas en los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Estos dos acontecimientos marcaron la historia y conllevaron modificaciones notables en el ámbito geopolítico.
Pero, ¿sabe usted que existe otra Zona Cero? Quizá la olvidemos, pero es mucho más importante que las dos anteriores. Se trata de la colina de Gólgota, al lado de Jerusalén, donde fue crucificado Jesús, el Hijo de Dios, hace unos veinte siglos. Aquel día, la humanidad rechazó el mensaje del amor divino, pero ese mismo día Jesucristo dio su vida para salvar la vida de los que depositan su confianza en él. Llevó sus pecados y sufrió el castigo de parte de Dios.
Dividimos el tiempo en dos periodos: antes y después de Jesucristo. Así, desde hace dos mil años, Cristo ha sido el fundamento de la paz y del gozo de una multitud de hombres y mujeres. ¡Hoy también puede ser el fundamento de su vida! ¡Reflexione en ello, no deje de lado el acontecimiento más importante de la historia del mundo!
Tomado de LA BUENA SEMILLA.
MÚSICA - Cielo en la Tierra - Un Corazón
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| UN CORAZÓN Cielo en la Tierra |
VERSÍCULO DEL DÍA
2 de octubre de 2020 Versículo del día |
| Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. S. Mateo 22:37-39 RVR1960 |
REFLEXIÓN - Jueves, 1 de octubre de 2020
¿Qué significa pedir en el nombre de Jesús? (Juan 14:13-14). Es mucho más que mencionar su nombre al finalizar nuestra oración. Para poder orar en el nombre de Jesús, es necesario que el que ora conozca personalmente al Señor y pueda orar como de su parte, como si el Señor mismo hiciese la petición a Dios. La expresión «en nombre de» significa que hablamos o actuamos de parte de tal persona, es decir, actuamos en su lugar, según su voluntad.
Cuando Jesús estaba en la tierra, los discípulos oraban a Dios sin mencionar el nombre del Señor. Luego el Señor Jesús enseñó una nueva manera de orar: la oración al Padre en su nombre. Esta oración pone en evidencia la unión estrecha, íntima, del Señor con los creyentes. El Señor Jesús siempre hace la voluntad del Padre. Orando al Padre en el nombre de Jesús asociamos el Señor a nuestra petición, presentada como aprobada por él. Oramos para dar gracias a Dios, para buscar su voluntad y recibir la fuerza para obedecerle y honrarlo.
Mencionar el nombre del Señor no es una obligación, sino un privilegio, pues sabemos que recibimos todo de parte del Padre de nuestro Señor Jesucristo. Buscar su voluntad, esforzarnos en hacer lo que le agrada, debería caracterizar nuestra conducta para orar sinceramente en el nombre del Señor.
Una de las claves de la oración también es comprender que tenemos intereses comunes con el Padre y con su muy amado Hijo, mientras esperamos su regreso: la difusión del Evangelio, el consuelo y la edificación de los creyentes, el bien de su Iglesia.
Tomado de LA BUENA SEMILLA.
MÚSICA - Siempre más - Living y Un Corazón
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| LIVING y UN CORAZÓN Siempre más |
VERSÍCULO DEL DÍA
1 de octubre de 2020 Versículo del día |
| Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; Colosenses 3:12 RVR1960 |
miércoles, 30 de septiembre de 2020
REFLEXIÓN - Miércoles, 30 de setiembre de 2020
Curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.
Al final del día me hice una profunda herida con el filo de una herramienta. Tenía prisa; una cura rápida debería bastar para proteger la herida... Pero pronto la infección se extendió bajo este vendaje improvisado.
A menudo sucede lo mismo en el ámbito espiritual. La herida hace referencia al pecado que nos alcanza a todos. Podemos vendarla ligeramente, para tratar de disciplinarnos y de escoger mejores orientaciones. También podemos confiar en una religión que promete una paz que descansa en diferentes creencias de ciertos jefes religiosos. O incluso podemos esforzarnos en olvidar el problema, al igual que una venda esconde una herida.
Pero el profeta Jeremías concluye: “No hay paz”. El remedio es incluso peor que el mal, pues favorece la propagación de la infección. Quizá tratemos de convencernos de que al final todo se solucionará: «Veamos, no soy peor que otro; el buen Dios seguramente terminará salvándome». Esta actitud tiene el gran inconveniente de estar en oposición a lo que declara la Palabra de Dios: “El que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).
La única manera de ser sanado, salvo, es depositar su confianza en Jesucristo, el divino médico del alma. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). “Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias” (Salmo 103:3).
Tomado de LA BUENA SEMILLA.


