1 Crónicas 20
miércoles, 4 de noviembre de 2020
REFLEXIÓN - Miércoles, 4 de noviembre de 2020
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.
El predicador Charles Stanley estaba en York (Inglaterra), en medio de una multitud que esperaba para ver el desfile del cortejo fúnebre de un personaje eclesiástico. Pero pronto la lluvia los obligó a buscar refugio en un hangar.
Stanley aprovechó la ocasión para abrir su Biblia y leer: “Bienaventurados... los muertos que mueren en el Señor” (Apocalipsis 14:13). Luego explicó que nadie puede ser llamado bienaventurado simplemente porque es miembro de tal o cual iglesia, y que la única condición, necesaria y suficiente a la vez, es pertenecer al Señor Jesús.
Estas palabras produjeron malestar entre los oyentes; entonces Stanley explicó qué significa estar en el Señor y morir en el Señor. Insistió en el hecho de que solo la fe permite a una persona recibir la salvación que Dios ofrece; después, el que ha creído puede morir en paz esperando la resurrección del cuerpo.
Uno de los oyentes preguntó: «Si comprendí bien, ¿ya durante nuestra vida podemos saber que somos salvos y que poseemos la vida eterna?».
Stanley respondió citando numerosos textos de la Biblia, los cuales muestran que Dios da a sus hijos la seguridad absoluta de su salvación, desde ahora en la tierra. No esperamos tener la vida eterna, sino que sabemos que ya la poseemos. Nuestro cuerpo puede morir, pero nuestra relación viva con Dios es establecida definitiva y eternamente.
“¿Qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia... mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:3, 5).
Tomado de LA BUENA SEMILLA.
MÚSICA - Mi Tesoro (versión acústica) - Living
Mi Salvador, ¿a quién iré sino a ti?, no tengo a dónde ir Mi protector, ¿a qué temer si estás aquí?, mi refugio está en ti Coro Mi tesoro está en Jesús, en su sangre y en la cruz, ¿qué me puede ya negar?, si todo lo dio, todo lo dio por amor Mi proveedor, el que sustenta mi existir, eres todo para mí (Coro) //Todo lo dio.// //Todo lo diste// //por amor// Oh Jesús, en ti encuentro todo lo bueno, lo verdadero (Coro) ///Todo lo dio/// por amor
VERSÍCULO DEL DÍA
4 de noviembre de 2020 Versículo del día |
Jehová, tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas; tus consejos antiguos son verdad y firmeza. Isaías 25:1 RVR1960 |
martes, 3 de noviembre de 2020
REFLEXIÓN - Martes, 3 de noviembre de 2020
Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder.
En la tumba del escritor Paul Claudel no hay ninguna fecha, solo este epitafio, inspirado sin duda en la carta de Pablo a los corintios: «Aquí descansan los restos y la simiente de Paul Claudel». Es fácil comprender que una tumba contenga los restos de un hombre, pero es sorprendente que estos restos sembrados en la tierra puedan hablar de esperanza de vida. Sin embargo, es precisamente lo que anuncia la Palabra de Dios. El cuerpo del hombre es, por así decirlo, «sembrado», sea enterrado, echado al agua o incinerado.
Como un grano sembrado en la tierra muere para germinar y dar una nueva planta, el cuerpo del hombre también «germinará» mediante la poderosa intervención de Dios. Es la resurrección. Todos los muertos resucitarán, pero no en el mismo momento:
–Los creyentes de todas las generaciones, quienes han recibido la vida de Dios, resucitarán cuando Jesucristo venga a buscarlos. Los llevará con él al paraíso, al que también llama “la casa del Padre” (1 Tesalonicenses 4:15-17).
–Al final de los tiempos, los cuerpos de todos los que hayan rechazado los diversos testimonios de la bondad de Dios resucitarán para comparecer ante el Juez, que será el Señor Jesús mismo (Apocalipsis 20:11).
La resurrección es un hecho ineludible para todos. Hoy es necesario conocer al Señor Jesús como Salvador, para no tener que hallarlo más tarde como Juez. ¡Vaya a él tal como es! Acepte su gracia y el lugar que le ofrece en la casa del Padre. ¡Mañana puede ser demasiado tarde!
Tomado de LA BUENA SEMILLA.
MÚSICA - Tu Gran Nombre - Coro de Adolescentes D5
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| CORO DE ADOLESCENTES D5 Tu Gran Nombre |
VERSÍCULO DEL DÍA
3 de noviembre de 2020 Versículo del día |
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. S. Mateo 5:10 RVR1960 |
lunes, 2 de noviembre de 2020
REFLEXIÓN - Lunes, 2 de noviembre de 2020
Al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio.
Viajando por México, un misionero se detuvo en un pueblo para predicar el Evangelio. En la tarde, como hacía mucho calor, se sentó frente a la casa donde pasaría la noche, listo para responder las preguntas que le harían los transeúntes. Un joven se acercó, miró al misionero a la cara y le dijo: «Vengo a hablar con usted porque no creo en lo que predica». Como respuesta, el misionero le prestó una Biblia, diciéndole: «Este libro es la Palabra de Dios. Léala. Luego, si lo desea, podremos hablar». Muy sorprendido, el joven tomó la Biblia, se sentó a la sombra de un árbol y empezó a leer.
Al día siguiente, el misionero se despidió de sus nuevos amigos. El joven también estaba allí y quiso acompañarlo una parte del camino. Al llegar al siguiente pueblo, le devolvió la Biblia y le dijo: «Es un libro interesante. No tengo preguntas para hacerle sobre lo que he leído». «Me alegra, dijo el misionero. La Palabra de Dios debe ser creída y no debatida. Siga estudiándola y hallará la vida eterna». Y le regaló aquella Biblia.
Veinte años después, el misionero volvió al mismo pueblo y reconoció al joven. Este pudo contar, gozoso, ante todos cómo había sido llevado al arrepentimiento y a la fe en el Señor Jesús mediante la lectura de la Palabra de Dios. La Biblia se había convertido en su mayor tesoro. Ya no deseaba debatir sobre su enseñanza, ¡pues la vivía!
“Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5).
Tomado de LA BUENA SEMILLA.


